pregúntate:
¿Qué me estoy diciendo?
Y escríbelo.
Porque no puedes cambiar lo que no ves.
Ahora viene el siguiente paso.
Cuestionar esos pensamientos.
Cuando tu mente diga:
“No puedo hacerlo”
Respóndele:
¿De verdad no puedo… o simplemente no quiero salir de mi zona cómoda?
Empieza a romper ese diálogo interno.
Porque la persona en la que te conviertes…
depende de las conversaciones que tienes contigo mismo.