Las ciudades medievales estaban llenas de calles estrechas, mercados abarrotados y poca higiene, lo que ayudó a que la enfermedad se propagara tan rápido.
Las personas no entendían cómo se contagiaba y muchos pensaban que era un castigo divino, lo que provocó miedo y caos.
Los médicos de la época no tenían herramientas modernas: usaban hierbas, sangrías y rituales que pocas veces ayudaban.
Los enfermos eran aislados en casas o hospitales improvisados, y muchas familias quedaban separadas para e