Y ahora nos vamos a las variedades fronterizas, que aquí hay salseo lingüístico del bueno.
Cuando dos lenguas conviven en una frontera, según Morales, pueden pasar dos cosas:
o cada lengua se mantiene tal cual… en plan “cada uno en su casa”,
o surge una variedad nueva.
Y aquí es donde aparecen mezclas súper curiosas. Por ejemplo, el portuñol entre Uruguay y Brasil, donde no sabes si estás hablando portugués con acento raro o español con flow brasileño.