Vamos, empieza siendo un “apaño”… y acaba siendo un idioma de verdad. Y eso encaja perfectamente con lo que dice Muhlhauser: el proceso va poco a poco. Primero una jerga improvisada, luego un pidgin estable, después uno expandido… y finalmente una lengua criolla.
Y ojo con lo que dice Manuel Alvar, porque es bastante gráfico: dos sistemas lingüísticos se mezclan y crean un tercero que no es inteligible ni para los primeros ni para los segundos