A las 3:17 de la madrugada, el móvil de Marcos vibró.
Era un mensaje de su mejor amigo:
“No abras la puerta.”
Marcos frunció el ceño. Eso no tenía sentido… porque su amigo había muerto hacía tres días.
De repente, llamaron a la puerta.
—Marcos… soy yo —dijo una voz idéntica a la de su amigo.
El móvil volvió a vibrar.
“Si ya escuchaste la voz… corre.”
La manilla empezó a girar lentamente.