Sin embargo, el gatito intenta salir de la casa una y otra vez; araña las puertas, maúlla con tristeza y busca desesperadamente en cada rincón. La joven no entiende al principio qué lo aqueja, hasta que recuerda el pequeño peluche que vio junto a él esa noche de lluvia. Sin pensarlo dos veces, regresa al lugar y lo recupera con mucho cuidado.