Lo que estás señalando tiene que ver con una tendencia muy actual: la necesidad de racionalizar absolutamente todo, incluso experiencias que, por naturaleza, son ambiguas, caóticas o profundamente subjetivas, como el amor, la atracción o el asombro.
Tu ejemplo de la piedra cubierta de musgo es muy potente, y se puede expandir justamente en esa tensión entre lo que se siente y lo que se intenta explicar.
Imaginá la escena ampliada:
Alguien camina distraído, quizá pensando en otra cosa, y tropieza