Hasta que él empezó a decírmelo; me decía cosas, como que yo era diferente, que no parecía de mi edad,, que las mujeres mayores eran más complicadas y yo era más agradable y genuina.
¡Cada frase me hacía sentir superior, alagada,, más madura.!
Se fue ganando mi confianza, hasta que un día me invitó a salir.
¡Yo le dije que no porque primero debía pedir permiso a mi mamá.!