Cada frase me hacía sentir superior, alagada, más madura. Se fue ganando mi confianza, hasta que un día me invitó a salir. Yo le dije que no porque primero tenía que pedir permiso a mi mamá.
De inmediato se río y me dijo:
—“¿Permiso? ¿Para qué? Si ya no eres una niña. No te comportes como una.”…
No sé en qué momento yo sentí vergüenza por pedir permiso y consultarlo con mi mamá. Así que mentí en mi casa para poder salir con él.