¡Cinco! Esa noche, las primeras bombas dieron con precisión en la casa de madera donde vivía, incautada a un kelper de Bahía Fox. El objetivo era la radio. Alguien contó hasta quinientas bombas, que disparaban dos buques ingleses: “en cualquier momento podíamos morir”. Todos corrieron a refugiarse entre las rocas. Vallejos se quedó: al soldado Palma, una mina argentina acababa de volarle una pierna (por cumplir una desatinada orden de un oficial).