Este que era un hombre casado
con su mujer, tuvieron viviendo,
tuvieron viviendo, hasta que
llegaron a tener una hija muy
linda, de piel negra, tan brillante
que el sol salía para verla y la
luna para saludarla, tenía unos
ojos color miel y, al crecer,
dientes que parecían pedacitos
de carne de coco.