Está en ese momento incómodo en el que te miras al espejo y sabes que podrías quedarte en el suelo… pero eliges levantarte. Aunque duela. Aunque cueste. Aunque no tengas garantías de que esta vez sí funcionará.
Ahí empieza todo.
Nos enseñaron a temerle a la caída, como si fallar fuera el final del camino. Como si equivocarnos nos hiciera menos valiosos. Como si perder fuera sinónimo de no servir. Pero la verdad es otra: las caídas no te definen, te revelan.
Revelan tu carácter.